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Astounding Science Fiction / Analog (1937-... ) parte 2 de 2

Por Manuel Rodríguez Yagüe
El primer editorial de Campbell sobre Hiroshima no apareció hasta noviembre de 1945 debido a los retrasos propios del negocio (correcciones, imprenta, distribución…), pero en el mismo afirmaba: «La Civilización… ha muerto. Ahora estamos en el interregno».

En diciembre de 1945, Campbell publicó una parte sustancial del Informe Smyth, el documento gubernamental sobre la investigación nuclear norteamericana dado a conocer tras la rendición de Japón y la primera vez que el mundo —incluidos los propios investigadores del Proyecto Manhattan— tuvo una visión global de la cuestión. A medida que la paranoia de la Guerra Fría se intensificaba, el Informe Smyth fue a veces considerado como un acto de sabotaje de elementos liberales «infiltrados» en el Proyecto, simpatizantes del naciente sentimiento entre la comunidad científica a favor de la desclasificación de todos los secretos atómicos.

Astounding Science Fiction / Analog (1937-... ) parte 1 de 2

Por Manuel Rodríguez Yagüe

La mayor parte de las revistas pulp norteamericanas de los años treinta, mal escritas, compuestas a toda prisa y sin demasiadas exigencias en cuanto al material que ofrecían, han envejecido mal. Hoy se han convertido en páginas escaneadas disponibles por internet u objetos de coleccionismo para algunos aficionados muy particulares. Son objetos de una era que se contempla remota y solo sus maravillosas portadas, a cargo de artistas de la talla de Frank R.Paul, Wesso o Virgil Finlay, siguen aguantando el paso del tiempo. Astounding Science Fiction fue la excepción.

Amazing Stories, como ya vimos, fue la primera revista pulp especializada en ciencia ficción. Y durante algunos años, no tuvo un auténtico rival. Ni escritores ni editores sabían muy bien cómo abordar ese nuevo género más allá de repetir hasta la saciedad unos clichés rápidamente establecidos y razonablemente bien aceptados por parte de unos lectores que aún no habían conocido otra cosa. Las dos ramas en que se podían entonces clasificar los relatos eran los fantacientíficos de gente como Edgar Rice Burroughs y Abraham Merritt y los rigurosos —y aburridos— que seguían las pautas marcadas por Hugo Gernsback en Amazing.

Wonder Stories (1930)

Por Manuel Rodríguez Yagüe

Ya he escrito abundantemente acerca del fenómeno pulp, que tuvo lugar principalmente —aunque no de forma exclusiva— en los Estados Unidos a comienzos del siglo XX. Hablé en anteriores artículos de las revistas pioneras como The Argosy, del importante papel que jugaron Hugo Gernsback y su Amazing Stories en la introducción de la ciencia ficción en ese formato editorial y de algunas de las figuras más relevantes e influyentes que trabajaron para aquéllas publicaciones, ya fueran escritores como Edgar Rice Burroughs o E.E.Smith o ilustradores como Frank R.Paul o Virgil Finlay. Os remito a ellos para no caer en innecesarias repeticiones.

En esta ocasión, propongo echar un vistazo a la otra cara del aspecto estrictamente creativo, a las bambalinas de la industria que ha permitido el florecimiento de nuestro género favorito. Y para ello nos serviremos de uno de los títulos emblemáticos del pulp de CF: Wonder Stories.

Air Wonder Stories (1929)

Por Manuel Rodríguez Yagüe

En 1929, Hugo Gernsback —cuya figura absolutamente fundamental para el género en su calidad de editor glosaremos en otra ocasión— perdió el control de su hija predilecta, Amazing Stories, cuando su compañía cayó en la bancarrota, y no tanto por falta de éxito sino por una serie de inversiones financieras que terminaron en juicio. Pero el pionero editor no se rindió, ni mucho menos. En cuestión de meses tenía otras tres revistas en el mercado, una de la cuales fue esta Air Wonder Stories (las otras fueron Science Wonder Stories y Science Wonder Quarterly).

Cuando apareció Air Wonder Stories, ya había otras revistas pulp que trataban de aventuras aéreas, como Sky Birds o Flyin Aces, si bien Gernsback, en su primer editorial las despreciaba por no tratarse sino de historias bélicas o westerns recocinados en el molde de la aún joven aviación. En cambio, su intención era la de ofrecer al lector «historias aéreas del futuro, siguiendo una directriz estrictamente científico-mecánica, llenas de aventura, exploración y éxitos».

Amazing Stories (1926)

En Europa, los temas explorados por el «romance científico» retomaron la atención de buen número de escritores y lectores en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial. Pero el desarrollo del género siguió un camino muy diferente en los Estados Unidos. Allí no fueron autores o editoriales «serios» los que cultivaron la incipiente ciencia ficción, sino lo que se conoce genéricamente como revistas pulp: publicaciones editadas en papel de mala calidad y dirigidas a un relativamente pequeño grupo de entregados seguidores. Con un formato inventado por Frank Munsey en 1898 en la revista Argosy, sus mejores años los vivieron estas publicaciones entre los años veinte y los cincuenta del siglo pasado, como parte de un pujante negocio editorial —que también comprendía las novelas baratas y los comic-books— cuyo público objetivo era la clase baja y media-baja, con un presupuesto económico que sólo les brindaba acceso a ofertas de ocio baratas. A menudo despreciadas por los estudiosos como subproducto juvenil sin mayor interés, más recientemente han sido recuperadas y apreciadas como parte fundamental de la historia no sólo de la CF, sino de otros géneros como el terror, la fantasía o el policiaco.

The Argosy / All-Story (1898)


Las revistas pulp, en sus comienzos un fenómeno norteamericano, han recibido tradicionalmente muy mala prensa y habitualmente se les considera como un subproducto literario sin apenas méritos. Si bien es cierto que durante los años treinta hubo algunas revistas pulp de calidad ínfima, no se puede generalizar y, de hecho, antes y después de la Primera Guerra Mundial, estas publicaciones fueron merecedoras de gran interés y jugaron un papel importante en la cultura popular. Baratas y producidas con papel de bajo coste, siempre fueron consideradas como algo efímero y hoy en día no resulta fácil encontrar copias en buen estado de conservación.