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1818 - Frankenstein o el moderno Prometeo (Mary W. Shelley)


La vida de la joven Mary Woollstonecraft Shelley fue tan novelesca como muchos de los folletines publicados en el siglo XIX. Era hija de William Godwin, autor de Caleb Williams, y de Mary Wollstonecraft, autora de A Vindication of the Rights of Woman, que ya tenía otra hija ilegítima de otro hombre y murió de fiebre tras el nacimiento de Mary. Godwin volvió a casarse, en esta ocasión con una viuda con dos hijas y tuvo un hijo con ella. Mary creció en un hogar problemático e inquieto.

A los 16 años conoció a Percy Shelley, se enamoró y salió del fuego para caer en las brasas. Se establecieron en La Espezia, una villa a orillas del lago Lemán, en Suiza. La situación se volvió aún más confusa: la esposa embarazada de Shelley los siguió y vivió con ellos. Después llegó Byron y se acostó con una de las hermanas de Mary; otra hermana se suicidó unos meses más tarde; la esposa de Shelley también se suicidó y por fin Mary se casó con Shelley. Años más tarde, Mary escribiría que aquel verano en Suiza marcó el momento «en el que por primera vez salí de la infancia a la vida». Mientras tanto, aún adolescente —tenía 18 años—, escribió la primera novela de ciencia ficción de la historia.

1726 - Los viajes de Gulliver (Jonathan Swift)


Los dos textos clave del siglo XVIII relacionados con la ciencia ficción son, por una parte, Micromegas (escrito en 1730 pero publicado en 1750) de Voltaire y, por otra, Travels into Several Remote Nations of the World (comúnmente conocido como Los viajes de Gulliver, 1726) escrito por Jonathan Swift. El resto de «viajes extraordinarios» publicados en el siglo XVIII, aunque interesantes, no eran más que acumulaciones de nuevas maravillas y prodigios a una historia por lo demás muy conocida. Swift y Voltaire, sin embargo, reescribieron las reglas de la ficción especulativa liberándola del literalismo de los poetas científicos y las ataduras del pensamiento religioso.

1657 - El otro mundo (Cyrano de Bergerac)


En sólo una generación desde Godwin, el viaje interplanetario evolucionó hacia posturas más críticas, ejemplificadas por los trabajos de Cyrano de Bergerac, en los que satirizó los prejuicios, la intolerancia y las creencias de su época. Su obra maestra, las novelas de L´autre Monde —publicadas años después de su muerte—, fueron una protesta secular con base copernicana contra la visión antropocéntrica que, en buena medida, aún pervive entre nosotros.

Cyrano, famoso duelista, satírico y librepensador francés, tuvo una azarosa vida que ha sido inmortalizada por numerosas leyendas románticas, muchas de ellas derivadas de la obra teatral de 1898 escrita por Edmond Rostand. El auténtico Cyrano hacía honor a su fama de imbatible espadachín: parece ser que se batió con la élite de la Guardia Gascona. Perteneciente al círculo de amistades de Molière, era un radical al que le gustaba mostrar su heterodoxia de una forma exhibicionista.

1638 - El hombre en la Luna (Francis Godwin)


Mientras Kepler profundizaba en los mecanismos del universo copernicano y se convertía en su más destacado defensor, el obispo de la localidad galesa de Llandaff, Francis Godwin, escribía la primera narración de viajes espaciales en lengua inglesa. The Man in the Moone: or A Discourse of a Voyage Thither, by Domingo Gonsales (El hombre en la Luna o una disertación sobre el viaje hasta allí, por Domingo Gonsales) es otro trabajo clave en la ciencia ficción primitiva.

Publicado póstumamente en 1638, el obispo comenzó a escribir la obra en 1589. Por desgracia, no vivió para ver el fenomenal éxito que cosechó: dos docenas de ediciones hasta el siglo XVIII y traducciones a muchas otras lenguas, incluyendo el francés, el holandés y el alemán. La novela de Godwin fue considerada como el viaje espacial arquetípico durante los siguientes cien años. Incluso autores del siglo XIX como Julio Verne o Edgar Allan Poe lo mencionaban como una de sus principales influencias.

1634 - Somnium (Johannes Kepler)


Johannes Kepler fue concebido a las 4:37 horas del 16 de mayo de 1571, nació prematuramente el 27 de diciembre a las 14:30, tras un embarazo que duró 224 días, 9 horas y 53 minutos. Semejante precisión, que se desprende de sus propias cartas astrológicas, nos da una imagen de Kepler como hombre de grandes contrastes y contradicciones, algo habitual en los momentos de profundas transformaciones históricas. Se dice que Kepler provenía de una familia noble caída en desgracia, no sólo económica sino psicológica. La madre del astrónomo fue criada por una tía que acabaría quemada en la hoguera acusada de brujería. Ella misma, curandera, a punto estuvo de sufrir el mismo destino. Su padre, mercenario, se libró por poco de ir a galeras. Una ascendencia peculiar para quien sería no sólo una de las mentes más brillantes de la Revolución Científica, sino uno de sus especuladores más atrevidos.

1627 - Nueva Atlántida (Francis Bacon)


Muchos de los romances planetarios del siglo XVII pueden ser considerados utopías, un subgénero que requiere un análisis detallado e independiente. Las ficciones sobre sociedades ideales toman su nombre de la obra de Tomas Moro (1477-1535), Utopía, escrita en latín en 1516. El título es un juego de palabras derivado del griego: «outopos» significa en ninguna parte; «eutopos», un buen lugar; y «utopos», tierra con forma de "U".

La sociedad de Utopía está establecida de acuerdo con criterios de eficiencia: la propiedad de los bienes es compartida, la educación es universal, la población está bien organizada, es productiva y feliz, etc.

180 d.E.C. - Una Historia Verdadera (Luciano de Samosata)


El autor clásico que más a menudo se cita como el «padre de la CF» es Luciano, a veces llamado de Samosata por haber nacido en la isla de Samos. ¿Por qué se le ha otorgado tal título a un personaje tan lejano temporalmente a otros «padres» como Julio Verne o H.G.Wells? Ello es gracias a dos de sus muchos trabajos, ambos escritos entre el 160 y el 180 d.C.

En primer lugar, el Icaromenipo, en el que se nos narra un diálogo entre el filósofo Menipo (un personaje real que ya había sido utilizado por Luciano en otros escritos satíricos) y un amigo. El primero describe cómo ató un ala de águila a su brazo derecho, una de buitre al izquierdo y voló hacia los cielos (de la misma forma que el mítico Ícaro, de ahí el título). Harto de las incoherencias de los filósofos, su intención —y esto es un calco/parodia de obras clásicas más antiguas de Eurípides y Aristófanes— era encontrarse con Zeus para interrogarle sobre la auténtica verdad. Vuela primero hasta la Luna, habitada por espíritus, desde donde divisa perfectamente la Tierra a sus pies; después continúa hasta dejar atrás el Sol y acercarse a su destino. Los dioses, disgustados por su osadía, le arrebatan las alas. Es, pues, una narración que oscila entre la ciencia ficción y la ficción teológica.